viernes, 23 de agosto de 2019

Tormenta


Hoy después de tanto tiempo ausente quiero hablar. Más bien necesito hablar, expresarme dentro de esta fría y densa tormenta que ahora mismo...jalea por mi cabeza. Tormenta causada por las acciones de aquellos demonios que una vez se adueñaron de mi ser y que en esta espesa noche, tengo la certeza que aún no se irán.

La necesidad de querer expresar, de querer gritar, pero ese grito tiene que ser en silencio, gritar con la necesidad y la voluntad de no ser escuchado. La incertidumbre de un grito que en algún lugar se quedará en la más triste y bella inmensidad de la oscuridad para que algún día yo sea capaz de recuperar dicho grito y hacerlo mío...Mío, porque no es de nadie más. Un grito en una tormenta paradoja creada por la necesidad de querer estar en silencio. Silencio que no debe romperse...

Palabras vacías, gestos sin sentido, si no más bien acciones que propician a un aprendizaje constante y cambiante. Dentro de esta infinita tormenta que lleva rondando en mi cabeza no veo el tiempo correr hacia el fin del camino. Camino herido, causada por las púas que yo mismo me he ido clavando una a una...acción a acción, pensamiento a pensamiento.

Son palabras huecas por el simple hecho de no hacerles caso, de no prestarles la adecuada y necesaria atención. Hay que aprender a entenderse, a escucharse a uno mismo y saber que intereses, acciones, hechos necesitamos y queremos para obtener un equilibrio crucial con la infinidad del espacio y su inmensa energía.

Días sensibles, días con los nervios a flor de piel donde nada me importa y a la vez me afecta demasiado...Desdichado por mi propia tormenta esperando que se apague busco y no encuentro una salida...o tal vez siempre la he tenido allí y nunca he querido abrirla...

Miedo, soledad, llanto, tristeza, culpa, egoísmo....después de todo ello...luz. Como bien sabemos, no puede haber luz sin oscuridad, y no hay oscuridad sin la necesidad de una fuente de luz...Sombras ajenas de aquel pasado que no volverá y que me machaco para que vuelva...pero ahora mismo no veo la necesidad imperativa de querer volver a aquello que yo mismo dejé atrás... al yo pasado, a mi ser de un tiempo atrás. Solo me queda aprender de él. Aprender de todo aquello que una vez fui y dejé de ser, y solo de esta curiosa manera, podré mejorar y ver más allá de mis propios e inquietos pasos.

Tormenta de arena que nubla mi vista, mis ganas de ir más allá, de querer estar bien. No puedo ver más allá por mis ojos cansados y mi cabeza desquiciada. Dicho desquicio es creado por mi inmadurez de alma, y mi miedo a querer crear algo que puede ser mucho más gratificante y puro que lo que estoy viviendo ahora. Muchas veces suplico al tiempo en querer ser olvido para poder no recordar, pero no puedo...no me sale la voz...tal vez porque sé que sin recuerdo, no hay aprendizaje y sin aprendizaje no hay enriquecimiento.

Búsqueda incansable de una tranquilidad conmigo mismo, sin tormentos, sin frustraciones, sin culpa pero con llanto...cansado de ser egoísta... de mirar siempre hacia un carloscentrismo...

Creí en algo, que solo fue un espejismo...una ilusión creada por la necesidad de escapar de una realidad que no supe valorar. Sin dar pasos fijos y sin ser consecuente de mis acciones, voy nadando a la deriva sin la sensación de llegar a tierra...criatura de viento...

Aprender a mirar, aprender a escuchar y sentir..aprender a salir...de esta cansada tormenta...